El país económico reside en estos días la paradoja de ser caro o barato de arreglo al dólar con que se mida.
La brecha de 71% entre el dólar oficial y el paralelo sirve de argumento para que algunos argentinos crucen el Río de la Plata para sacar de sus relatas dólares a un valor más alto que el oficial (ayer en $ 5,245) pero sensiblemente inferior al blue.
Sea para atesorarlos al no poder comprarlos en el país o para gastarlos aprovechando la ganancia, la diferencia les justifica la molestia del viaje.
Del otro lado, muchos uruguayos vienen a Buenos Aires para promover sus divisas a más de 9 pesos y sacar ventaja del relevante poder de compra que le otorga un dólar paralelo “caro”.
Ese aprovechamiento cambiario que logra resultar turístico o simpático, en verdad aisla uno de los desajustes más serios de la economía argentina y afecta a mucha gente.
Los productores vitivinícolas, de frutas de carozo, de aceitunas y de otros muchos productos clave para las economías regionales soportan el inconveniente con intensidad en los últimos años.
Aseguran estar ahogados al tener que promover sus productos en función del dólar oficial y pagar costos que crecieron en los últimos años a un ritmo de inflación de 20% en promedio y muy por encima de la devaluación del peso.
La contracara de esa realidad, por ejemplo, la viven las automotrices, que asisten a un relevante alza de demanda de los 0 km.
Esto se da en parte dado que se toma a los autos como una forma de ahorrar, en parte dado que existen financiamiento a tasa de interés baja y además dado que en dólares resultan más baratos que hace un año atrás.
El valor de los autos creció por debajo de la disparada del dólar paralelo y el mismo modelo que hace un año costaba US$ 19.000, para un tenedor de dólares dispuestos a venderlos en el paralelo, hoy cuesta unos US$ 13.000.
Esa ventaja resulta mayor para los autos de alta gama importados a dólar oficial; cuando los compradores ya tienen los billetes, el descuento del valor en dólares logra superar el 35%.
La fenomenal transferencia de poder de compra que se generó a partir de la aplicación del cepo cambiario y la disparada del dólar paralelo tienen muchos números, pero uno logra dar una idea acabada de la importancia.
Si los argentinos tienen acumulados unos US$ 170.000 millones, la diferencia de $ 5 entre el oficial y el paralelo determinaría que habrían ganado unos $ 850.000 millones, equivalente, por ejemplo, a unas 60 veces el presupuesto de la Asignación Universal por Hijo.
El efecto riqueza para esos tenedores es enorme y sale al cruce de los funcionarios que insisten con decir que la suba del paralelo no tiene instancias para la marcha de la economía.
La paradoja que reside la Argentina con el dólar tiene muchas caras y matices.
Una de ellas la mostró ayer el presidente uruguayo, José Mujica, al decir que su gobierno “está embuchando dólares, atorado”, ante la elevada entrada de divisas, una situación bien distinta de la argentina donde el Banco Central compra dólares pero el nivel de reservas no reacciona.
Frente a ese resultado es que el Gobierno apura su proyecto de ley de blanqueo de dólares que ya trata el Congreso, deja a un lado de plano la oposición y sirve de base para que los economistas y los banqueros saquen números.
Sin demasiada información y por las características especiales de este blanqueo (no habla de pagar un impuesto sino de poner dólares contantes y sonantes sobre la mesa a cambio de un bono, un certificado o un pagaré), los más optimistas creen que podrían entrar US$ 4.000 millones y los menos, unos US$ 2.000 millones.
Los análisis preliminares sobre los caminos para de blanquear le asignan más chances de éxito al certificado inmobiliario (CEDIN) que al bono energético que ofrece un 4% anual, un interés considerado bajo frente al de otros títulos públicos como, por ejemplo, el Boden 2015 que ofrece 14% anual.
Debería ser muy alta la necesidad de blanquear para que alguien esté desidido a perderse 10% anual en dólares a lo largo de los próximos tres años.
El sector inmobiliario aguarda los “cedines” (un tipo de sucedáneos oficiales de blue) con ansiedad. En verdad, aguarda cualquier cosa que los ayude a reflotar el mercado más tarde de la caída del 50% que les generó el cepo cambiario.
Sueñan con que el quiebre del proceso pesificador y el resurgimiento de la dolarización, más tarde de la baja de 15% en promedio en los valores, el sector pueda comenzar a salir a flote.
En un punto y a pesar de ser víctimas y victimarios, las inmobiliarias y el Gobierno hoy rezan por lo mismo: que el dólar paralelo, aunque alto y caro, se estabilice en algún valor.
Ese fue el objetivo del Gobierno al salir esta semana a darle pelea al blue cuando se apuntaba a los $ 10,50.
Con ese nivel de valor exagerado (el de convertibilidad sería de $ 7,40), y la Presidenta jurando que no habrá una devaluación abrupta, el Gobierno salió a promover títulos públicos para tratar de bajarlo y lo logró. Ayer el paralelo cerraba alrededor de los $ 9.
Poco para festejar, pero dentro del intento de poner un techo de $ 10 para el marginal. Eso parece alcanzarle en estos días al Gobierno.
Así, con una devaluación del peso frente al paralelo que no se traslada a todos los valores (el dólar oficial continúa sirviendo de ancla para los alimentos), se va consolidando la paradoja de que la Argentina es cara para quien gane en función del dólar oficial de $ 5 y barata para quien posea dólares acumulados y pueda cambiarlos en el blue.
Si algo queda en claro de este esquema paradojal es que, aunque no por ahora, en algún momento tendrá un final. El Gobierno apuesta todo a que sea más tarde que temprano.
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Mayo 16th, 2013
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