Dólar Blue: Compra $14.13 Venta $14.38

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September 18 2012

Bienvenidos al tipo de cambio múltiple, donde hay un dólar según …

En twitter: @Fede_Manrique

Más tarde de las elecciones de octubre de 2011, desde el Gobierno nacional se empezaron a imponer las trabas para la compra de dólares en un intento por  frenar la sangría de reservas del Banco Central. Desde entonces una a una se fueron adicionando las medidas y ampliando los controles hasta que en mayo de este año se empezó a rumorearla posibilidad de desdoblar el tipo de cambio. Rápidamente fue la propia presidenta, Cristina Fernández, quien salió a negar la posibilidad de desdoblar el mercado cambiario al señalar que “no va a pasar nada raro con el dólar”.

Hoy, casi cuatro meses más tarde, el desdoblamiento cambiario volvió a ser una realidad en la Argentina. Algo que no ocurría desde el Gobierno de Isabel Perón en 1975. Y en estos pocos meses de 2012 ya se logran identificar al menos cuatro cotizaciones distintas para el dólar en la Argentina.

La tendencia actual es multiplicar los tipos de cambio según la operación de que se trate o la cara del cliente. Así, según el último informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano, a cargo de Víctor Beker, hoy el país tiene un dólar soja a $3, que rige para las exportaciones de la oleaginosa y surge del dólar oficial menos las retenciones del 35%, o el exportador, que es el cambio oficial menos las retenciones que impone el Gobierno a ciertos productos. Existen, también, un dólar oficial a $4,65 para las transacciones restringidas en blanco, transacciones bancarias, importaciones libres de recargo y las exportaciones no sujetas a retenciones, un dólar turístico de $5,35, que surge del tipo de cambio oficial más el recargo del 15% para las compras de tarjeta de crédito y débito, y un dólar blue o paralelo, que se ubica alrededor de los $6,30. Entre medio, existen tantas cotizaciones como las posibilidades de negociar y acordar entre comprador y vendedor (dólar turista internacional, ladrillo, etc.).

Desde la perspectiva oficial, la necesidad de contar con un régimen de tipos de cambio múltiples es sostenida por quienes argumentan que en la economía argentina coexisten dos sectores: el sector agropecuario, que trabaja a costos internacionales, y el sector industrial que tiene un nivel de costos internos considerablemente superior al internacional. Por tanto, para que el sector industrial sea competitivo (frente al ingreso de productos importados) se precisa que cuente con un tipo de cambio superior al del sector agropecuario, explica desde la Universidad de Belgrano.

Del mismo modo, se precisa un tipo de cambio “alto” para las importaciones de modo de proteger a la industria nacional de la competencia externa. Estas son las ideas que han llevado a optar por un régimen de tipos de cambio múltiples, en el que el turismo al exterior es una de las “importaciones” en términos de intercambio que se procura desalentar para impedir la fuga de divisas.

El principal inconveniente que muestra este esquema de desdoblamiento cambiario es que precisa de un sistema altamente complejo de control de las transacciones con moneda extranjera. De ahí el por qué de los crecientes controles por parte del Banco Central, la AFIP y Aduana al utilización de moneda extranjera. Y mientras más se desdobla el mercado, más controles y limitaciones demanda ahora y a futuro.

¿Cómo llegamos a esto?
En un primer momento, la salida de capitales y la redolarización de la economía argentina estuvieron más relacionadas con la incertidumbre por la inflación y con la carencia de instrumentos de ahorro en pesos, que con expectativas de depreciación del peso frente al dólar. De todas formas, a partir de 2011, con un tipo de cam¬bio que comenzaba a percibirse como atrasado en la Argentina, se aceleraron las expecta¬tivas de devaluación.

Así, ante la resistencia del Gobierno a dejar flotar la moneda, la salida de capitales que en 2011 se tradujo en una pérdida de reservas in¬ternacionales por US$6.200 millones (sin restar el incremento de US$5.000 millones de los pasi¬vos externos del Banco Central), generó sus propias expectativas de devaluación y realimentó la de¬manda neta de dólares, al estilo de las corridas cambiarias tradicionales, explica el estudio “Salvemos al peso: notas económicas para la batalla cultural contra el dólar”, a cargo de los economistas Eduardo Levy Yeyati, Luciana Díaz Frers, Sandra Elena y Federico Bragagnolo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

Después de las elecciones, en lugar de dejar deslizar el tipo de cambio, el Gobierno optó por implementar controles que incluyeron fuertes restric¬ciones informales a la compra de dólares para pagos de importaciones y giros de dividendos, controles de la AFIP a la demanda minorista para dosificar la venta de dólares a particulares, y control directo de las importaciones.

Previsiblemente, el cerrojo cambiario tuvo instancias negativas como:
 
-Inconvenientes en las cadenas de producción:80% de las importaciones son insumos productivos, en su mayoría, bienes intermedios y de capital.

-Dificultades para exportar, tanto por la exigencia de liquidación anticipada de las divisas como a raíz de la caída de los depósitos en dólares, el correlato de la prefinanciación de exportaciones.

-Paralización parcial del mercado inmobiliario por la resistencia de los dueños a pesificarse a la hora de promover sus propiedades, con efecto negativo sobre el nivel de actividad en la industria de la construcción.

-Aparición del dólar informal o paralelo como referencia habitual del tipo de cambio libre.

¿Por qué llegamos a esto?
Si bien la política cambiaria estuvo, en parte, orientada a preservar el tipo de cambio oficial como ancla de valores (en rigor, a impedir que una corrección cambiaria –devaluación- se trasladara a la in¬flación), en la práctica, el incremento de costos por limitaciones de oferta y el traslado parcial a valores del dólar paralelo mantuvieron alta la inflación en lo que va del año, incluso en un contexto de desaceleración eco¬nómica. Otra motivación para implementar el cepo cambiario es la necesidad del Gobierno de hacerse de dólares para pagar obligaciones externas.

-¿Cómo se podría salir de esto?
Cualquier intento por disminuir la dolarización como refugio o salida en la Argentina debería enfocarse, según el informe de Cippec, en contrarrestar dos de sus efectos:

-La ausencia de instrumentos de ahorro en moneda local que puedan competir con el dólar.

-Las expectativas de depreciación que surgen de usar al tipo de cambio como ancla nominal de los valores, rezagándolo sistemáticamente en relación con la inflación.

O sea que para inducir una sustitución vo¬luntaria del dólar por el peso como moneda de ahorro es menester potenciar los instrumen¬tos de ahorro en pesos para que puedan compe¬tir con un dólar cuyas tasas están hoy cercanas a cero.  También, la Argentina muestra un contexto inflacionario que vuelve necesaria la introduc¬ción de un índice creíble de inflación, que permi¬ta actualizar los ahorros en pesos y proteger los rendimientos reales de cambios bruscos en la variación de valores, destaca el informe de Cippec.

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